Los Reyes han presidido esta mañana en Madrid el desfile del Día de la Fiesta Nacional, al que han asistido el Gobierno en pleno —salvo el ministro de Economía, de viaje en Washington—, las más altas autoridades del Estado y la mayoría de líderes políticos en plena crisis por el desafío soberanista de Cataluña. Por primera vez en muchos años, no ha habido abucheos a la llegada de las autoridades a la tribuna. La parada militar, que ha arrancado a las 11.00 y ha durado una hora y media, ha sacado a la calle a casi 4.000 militares junto a miembros de la Guardia Civil y de la Policía Nacional bajo el lema Orgullosos de ser españoles. Este año, se ha hecho más vistosa y ha cambiado de escenario buscando el calor popular.

Decenas de miles de personas se congregaron desde primera hora de la mañana en el paseo de la Castellana para presenciar el desfile del día nacional marcado, sin duda, por la crisis catalana. El nuevo recorrido, con 1,8 km de longitud en el principal eje de la ciudad, ha estado repleto de ciudadanos portando banderas españolas en el que ya es, sin duda, el desfile más numeroso de los últimos años. La enseña nacional se ha dejado ver también en multitud de fachadas, que no obstante ya lucían la bandera en los últimos días a cuenta del conflicto en Cataluña. Gritos de yo soy español y ninguna bandera preconstitucional a la vista.
Como dato curioso, en esta edición, centenares de personas han portado banderas españolas con el emblema de una empresa de embutidos y jamones, que ha visto en la enseña nacional una posibilidad de promoción. A diferencia del año pasado, en el que la fiesta se vio deslucida por una tromba de agua, hoy el día en Madrid ha amanecido perfecto. Apenas hay unas nubes.
Los primeros aplausos, antes incluso de comenzar la parada militar, se los ha llevado la Guardia Civil. Los gritos de aliento al instituto armado se han dejado oír al paso de cualquier uniformado del cuerpo. Aplausos también a cualquier policía nacional que se ha dejado ver. Los congregados han estado tributando durante todo el recorrido homenajes espontáneos a las fuerzas de seguridad del Estado. El despliegue de seguridad ha sido de gran envergadura, a pesar de que buena parte de los efectivos antidisturbios de la Policía Nacional se encuentran en Cataluña en la ‘operación Copérnico’. Aun así decenas de agentes han custodiado todos los accesos. El Ejército, además, ha colocado vehículos en todas las vías que desembocan en el paseo de la Castellana para evitar la entrada de cualquier vehículo kamikaze. No hay que olvidar que, al margen de la crisis catalana, España se encuentra en nivel 4 de 5 de alerta anti terrorista.

En comparación con otros años, quizás también por la buena temperatura casi primaveral en Madrid, el público asistente ha sido mucho mayor. En la zona Central del desfile había filas de cuatro o cinco personas. En algunos puntos, de mejor visibilidad, la multitud ha ocupado hasta cinco o seis filas. De los últimos años, ha sido sin duda el desfile con mayor asistencia de público y ha sido particularmente visible la presencia de menores, tanto niños acompañados de sus padres como numerosos grupos de adolescentes portando banderas.

A continuación, los Monarcas, ya sin sus hijas, se han trasladado al Palacio Real para recibir a los cerca de 1.300 invitados en representación de todos los ámbitos de la sociedad, además de numerosas autoridades estatales, autonómicas y locales. Las ausencias de los presidentes de Euskadi, Navarra y Cataluña son una constante en esta recepción, al igual que la del líder de Podemos, Pablo Iglesias. Sí estarán el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, y el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que el año pasado no acudió a la cita tras dimitir del cargo apenas once días antes. Ambos líderes centrarán la atención de todos los corrillos con Cataluña de fondo y la reforma constitucional encima de la mesa.









