Siendo todas estas virtudes de difícil o imposible cumplimiento por parte de un equipo empeñado en la contradicción y en el error permanente. La fiscalidad resulta en este presupuesto de guerra en ciernes (el presupuesto, no la guerra) una cuestión capital (se diría que como en todos los presupuestos, aunque en este caso elevada al máximo nivel) la clave de dovela destinada a resolver la caída brutal de los ingresos públicos, la montaña de desempleados, todas ellas tareas a cargo de un Gobierno que deberá ser sólido en sus decisiones, bien cohesionado y mejor coaligado.
Y en este escenario complejo y más exigente que nunca, no encaja muy bien (para nada) el cometido que el Gobierno acaba de confiarle a la «Comisión para la Reconstrucción Social y Economía de España», nada menos que le delega la construcción de la estructura básica de las próximas cuentas del Estado, de la elaboración presupuestaria, una maniobra que parece responder a una intención de excluir a los socios de Gobierno más conflictivos en temas fiscales y sociales. Aunque cabe la duda de la efectividad de la maniobra si se tiene en cuenta que la vicepresidencia de la Comisión estará ocupada por un socio de coalición de Unidas Podemos.
Porque a nadie se le escapa las dificultades de acuerdo entre los socios de coalición cuando ya se ha producido un primer incidente con un posible impuesto a los ricos a partir de un millón de euros que presagia una larga y enrevesada elaboración presupuestaria. La Comisión para la Reconstrucción de todo estará condicionada, entre otros, por situar el tiempo presupuestario en armonía con el tiempo político, que en este caso no es otro que el electoral. Y los acontecimientos diarios, los episodios nacionales del Gobierno de Pedro Sánchez, están confirmando que la legislatura no se agotará, sino más bien, que ya puede estar agotada.
Aparecen las dudas sobre la operatividad de la Comisión en un escenario político excitado en las Cámaras, agitado en las calles, crispado en las empresas y con las patronales y fuerzas sindicales a la expectativa de acontecimientos. La formación de la Comisión de Reconstrucción, que según su composición esta escasa de experiencia y de profesionales duchos en materias como tecnología, energía y otros sectores industriales y de servicios indispensables para la economía. No anima al optimismo ni a la esperanza en sus resultados, en propuestas de reformas novedosas como tampoco, ni mucho menos, para la elaboración de un nuevo presupuesto, extraordinario en todos los aspectos. Aunque si fracasa este, siempre nos quedará el de Montoro.









